Los que vivimos

La novela se sitúa en la URSS en 1923; es decir, después de la revolución bolchevique.

Ayn Rand (Alisa Zinovievna Rosenbaum), nació en San Petersburgo en 1905. Los que vivimos es su primera novela y, según declaró, lo más parecido a una autobiografía.

Rand salió de la URSS para los Estados Unidos en 1926, por lo que es testigo directo de los hechos que describe y de la sociedad soviética de después de la Revolución.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
1972
520
978-98-712-3923-8

Original de 1936.

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La novela refiere el deterioro moral de las personas en un régimen de falta de libertades. Los ciudadanos porque sus padecimientos los llevan hasta el límite, y los dirigentes porque el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente. Es difícil no abusar del poder cuando sabes que puedes hacerlo impunemente. En consecuencia, una revolución que posiblemente había comenzado de una forma idealista, evolucionó hacia un régimen miserable, tan inhumano o más que aquel al que había venido a sustituir.

Los que vivimos refleja el ambiente en el que se movían los antiguos aristócratas y empresarios rusos -aquellos que habían confiado en que el régimen comunista iba a durar muy poco- una vez que se consolidó la revolución. Permanentemente bajo la represión y la sospecha de ser contrarrevolucionarios o hijos de capitalistas. La mayoría habrá de adaptarse y aceptar empleos ínfimos para recibir una cartilla de racionamiento que da derecho a dos panes a la semana y algo de aceite de linaza.

Otros, los más ambiciosos, se unirán al Partido a fin de no arruinar sus vidas o sus expectativas profesionales. Los habrá que, ante la imposibilidad de conseguir un trabajo e incluso de abandonar el país, se dedicarán a la delincuencia y al mercado negro. Los ancianos, que ya no pueden trabajar, sobreviven a base de vender los bienes que han logrado salvar de las requisas.

Ayn Rand explica cómo en el país no se había establecido la igualdad de salarios prometida en un principio, y cómo los especuladores continuaban utilizando coches de lujo y frecuentaban restaurantes, casinos y cabarets. Por su parte, los miembros del Partido se hacían favores mutuos como un seguro de vida para todos.

En aquel momento en la URSS, los problemas fundamentales eran el alojamiento y los alimentos. Mientras el pueblo moría de hambre y de frío, el gobierno seguía exportando petróleo y miles de toneladas de trigo a Europa occidental a fin de procurarse divisas. Además, a los trabajadores se les detraían del salario diversas cantidades para la lucha contra el analfabetismo, la Aviación roja y otros conceptos que hubiera debido afrontar el propio Gobiermo. Por último, tenían que asistir a innumerables reuniones sociales voluntarias para demostrar su espíritu proletario.

La novela se desarrolla en Petrogrado, que había sido San Petersburgo y luego sería Leningrado. La descripción que se hace en la novela de la ciudad es fascinante, así como de las condiciones climáticas que soportan la ciudad y sus habitantes.

Dado que nos encontramos ante una novela dirigida a denunciar las circunstancias de la vida en la URSS después de la revolución, el argumento es alambicado y el final muy pobre. Más le hubiera valido a la autora dejar un final abierto. La novela se lee bien, pero parece un poco anticuada; tanto como nos resulta hoy la mera existencia de la URSS.