Por qué creo

Vittorio Messori (1941-2026), periodista y escritor, nació en Sassuolo (Italia). Creció y se educó en Turín, en un ambiente agnóstico y anticlerical. En 1964 se produjo su conversión a la persona de Jesucristo. Desde entonces simultaneó su trabajo periodístico con el estudio y reflexión acerca de la historicidad de la vida de Jesús y racionalidad de su doctrina. Estaba en su ánimo hacer llegar sus conclusiones al mayor número posible de personas, lo que se conoce como Apologética.

No fue hasta 1976, cuando publicó su Hipótesis sobre Jesús, que tuvo una gran aceptación en el mundo -no intelectual- católico. Destacan también entre sus obras el Informe sobre la fe (1985), libro entrevista al Cardenal Joseph Ratzinger, y Cruzando el umbral de la esperanza (1995), entrevista a SS Juan Pablo II.

En Por qué creo (2008), conversación con el también periodista católico Andrea Tornielli, se extiende acerca de su vida, su conversión y experiencias en el seno de la Iglesia católica. Lleva el subtítulo de Una vida para dar razón de la fe.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2009 Editorial Libros Libres
362
978-84-92654-14-7

Edición italiana en 2008.

Valoración CDL
3
Valoración Socios
3
Average: 3 (1 vote)
Interpretación
  • No Recomendable
  • 1
  • En blanco
  • 2
  • Recomendable
  • 3
  • Muy Recomendable
  • 4

1 valoraciones

3

Comentarios

Imagen de enc

Vittorio Messori (1941-2026) nació en el norte de Italia, en el seno de una familia anticlerical y estudió en las agnósticas escuelas públicas de Turín.  Un día de verano en 1964, el joven se sumerge en la lectura de los Evangelios y experimenta la conmoción de una revelación privada:

"Un encuentro con el Protagonista del Evangelio, que me pareció salir de sus páginas para hecerse presente en el sentido físico, realmente. Tan real era la certeza de aquella Presencia" (pág.60). Messori hará referencia repetidamente a lo largo del libro a ese momento: "El Verbo se hizo para mí verdaderamente carne, dándome alegría e inquietud, gozo y temor, satisfacción por el deber cumplido y remordimiento por la infidelidad" (pág.60). "Había caído en las redes de Aquel al que el evangelista Juan llama el Dios que es Amor y que ni siquiera sospechaba que existiera" (pág.156)

La pregunta que se nos plantea es por qué se hace presente el Verbo de Dios a un joven no creyente y sin nociones religiosas previas. La respuesta puede estar precisamente ahí: Vittorio partirá de cero en sus investigaciones sobre Jesús, sin ideas preconcebidas. Desde entonces desea "escribir siempre y únicamente para confirmar la verdad de la fe" (pág.121), y su intención es servir de "puente entre las dos culturas: la laica y la católica" (pág.229).

Vittorio empieza trabajar en La Stampa de Turín, pero lo hace compatible con sus investigaciones sobre Jesús. Se puede conocer racionalmente la existencia de Dios -señala-, pero no conocemos cómo es Dios sin el auxilio de la Revelación (pág.255). "Un gran Arquitecto que no salva, que no llena de amor los corazones, ni de temor, ni de esperanza ¿para qué puede servir?" (pág. 240). Ya Pascal había advertido cómo "la creencia en un Dios creador pero no providente [que no se ocupa de sus criaturas y especialmente del hombre], es tan lejana al cristianismo como el mismo ateísmo" (pág.239-240).

Doce años pasarán hasta que Messori publique, en 1976, un libro con sus investigaciones que llevará por título Hipótesis sobre Jesús, y obtiene el Imprimatur o constatación de la Diocesis sobre su ortodoxia. Mientras tanto la Iglesia, concluido el Concilio Vaticano II, se encontraba en una fase autodestructiva, tal como señalaron el papa Pablo VI y el cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y luego  Pontífice con el nombre de Benedicto XVI. Según Ratzinger este periodo durará hasta 1985.

Señala el autor cómo los teólogos católicos se habían contagiado de los teólogos y biblistas protestantes que no creían en la historicidad de las Sagradas Escrituras. Para estos Jesús no sería más que un maestro judío, un hombre de Dios al que sus discípulos habrían exaltado hasta afirmar que había resucitado, cuando querían decir que seguía vivo en sus corazones y en sus recuerdos. Las investigaciones y estudios de Messori niegan esa posibilidad y el autor se remite a la Constitución dogmática conciliar Dei Verbum sobre la Revelación: La integridad de la fe se encuentra en las Sagradas Escrituras, pero también en la Tradición bimilenaria y permanente de la Iglesia (págs.334-335).

"Hay que renovar cada día -afirma el autor- nuestra apuesta sobre la verdad del Evangelio. Por eso veo central y esencial hoy, la función de una apologética que ayude al pueblo de Dios a defender su tesoro y que reúna, al menos, los argumentos de sus antagonistas" (361). La defensa de la fe es compatible con la imperfección e incluso mediocridad de los cristianos: "He comprobado en mí mismo -señala- que la fe para el cristiano es sumergirse en una Perona a un tiempo misericordiosa y severa, humana y divina, experimentando la necesidad incoercible de seguirla y obedecerla" (pág.60).