La pensadora y activista Simone Weill (1909-1943) murió muy joven y también empezó a escribir demasiado joven de modo que le faltó tiempo para profundizar en los problemas y aportar soluciones sopesadas a los muchos asuntos sobre los que reflexionó.
Aunque había obtenido la catedra de filosofía para actuar en centros de segunda enseñanza y había obtenido un buen nivel de conocimiento del pensamiento filosófico y de los grandes problemas de su tiempo, con un poco más de perspectiva habría alcanzado mayor calado.
El trabajo que ahora reseñamos resume los pensamientos de Simone Weil acerca del trabajo después de haber estudiado el movimiento obrero de su tiempo y haber militado en las filas del anarquismo, socialismo y comunismo hasta que trabajó, desde 1924, en el campo, en las fabricas y en la guerra civil española.
Las conclusiones de esos campos de acción directa en el campo de la actividad fabril y del campo fue que el marxismo y el comunismo estaban fuera de la realidad y que el problema era mucho más agudo y profundo.
Efectivamente, el tiempo le ha dado la razón y las maquinas han pasado a realizar los trabajos de hombres y mujeres del campo y sobre todo los trabajos de las fabricas donde el hombre quedaba profundamente alienado y rompía su dignidad más elemental haciéndole repetir actos mecánicos cada vez más rápido.
Las fábricas hoy día hacen que los pocos hombres que trabajan en ellas sean felices cuidando el mantenimiento y dominando la técnica en vez de estar dominados por la técnica y recibir salarios de hambre. Por lo demás, las apreciaciones sobre el trabajo en general y el trabajo intelectual son abordados de manera muy tangencial, pues los escritos que se presentan en este volumen están muy centrados en su experiencia en las fabricas y hay poco que pueda aportar una bibliografía redactada por personas que nunca llegaron a meterse en la piel del obrero.
Es muy interesante el subrayado de Weil del concepto humano de “sentirse realizado” con el que el obrero superaría la desazón interior: “Todas las medidas que se propongan, ya se etiqueten como revolucionarias o reformistas, son puramente jurídicas, y no es en el plano jurídico donde reside la desdicha de los obreros y el remedio a tal desdicha” (115).
Finalmente, trascribamos un texto de gran importancia para todos los tiempos: “dos obstáculos dificultan el acceso del pueblo a la cultura. Uno es la falta de tiempo y de energía. El pueblo tiene poco tiempo libre para dedicarlo a un esfuerzo intelectual, y la fatiga pone un límite a la intensidad del esfuerzo” (122).
José Carlos Martín de la Hoz
Simone Weil, Sobre el trabajo. Textos escogidos, Página indómita, Barcelona 2025, 187 pp.