Querida Amazonia

Exhortación del papa Francisco, de 2 de febrero de 2020, posterior al Sínodo sobre la Amazonia.

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2020 Librería Editrice Vaticana
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En su momento, el Sínodo sobre la Amazonia levantó algunas alarmas al conocerse que en el mismo se había propuesto la ordenación sacerdotal de los viri probati, varones laicos casados o no, dada la carencia de presbíteros en esa zona de Sudamérica. La realidad es que la propuesta no se incorporó a la Exhortación del papa Francisco, de forma que Querida Amazonia no deja de ser un documento pontificio corriente.

La primera pregunta que nos plantea el documento es el por qué. Hasta ese momento los Sínodos regionales se habían celebrado por continentes ¿por qué, entonces, un Sínodo sobre la Amazonia? . La respuesta puede estar en la mentalidad ecológica, que haya llevado a poner el foco en ese ecosistema enorme que se ha llamado pulmón del planeta; la cuenca del Amazonas toca a nueve países que son Brasil, Perú, Venezuela, Guyana ..., por lo que sus mismas dimensiones exigen un tratamiento pastoral específico. Por último, la Amazonia es ya uno de los pocos rincones del planeta donde viven hombres apartados de la civilización.

La Exhortación Apostólica está dividida en capítulos a los que Francisco denomina sueños; un sueño social, un sueño cultural, un sueño ecológico y un sueño evangelizador. El sueño social hace referencia a la población amazónica que el documento dibuja de distintas maneras: desde el amazónico feliz que vive conforme a lo que le proporcionan el territorio y las tardiciones de sus antepasados al habitante empobrecido que llega a las ciudades huyendo de la miseria; se mencionan igual 110 núcleos de población que se encuentran en aislamiento voluntario como aquellos habitantes originarios que se dejan corromper imitando el modo consumista de vivir de las poblaciones urbanas.

El sueño cultural se refiere a la inculturación de la fe y aquí corresponde realizar una advertencia importante: la inculturación de la fe se refiere a que la fe se haga presente en la cultura de los pueblos, y no que la fe la se tenga que adaptar a una cultura preexistente. Cuando leemos que "la vida y el ministerio de los sacerdotes no es monolítico y adquiere diversos matices en diversos lugares de la tierra", siendo esto cierto, basta pensar en los presbíteros casados de las Iglesias orientales, la generalidad e indeterminación con que se realiza esa afirmación nos produce un cierto escalofrío.

Lo más interesante de este documento se refiere al papel de los laicos en la comunidad eclesial; leemos que "no se trata solo de facilitar una mayor presencia de ministros ordenados que puedan celebrar la Eucaristía. Éste sería un objetivo muy limitado si no intentamos también provocar una nueva vida en las comunidades. Necesitamos promover el encuentro con la Palabra y la maduración en la santidad a través de variados servicios laicales" (93); y es que con frecuencia se olvida -añadimos nosotros- que las vocaciones sacerdotales surgen después y como consecuencia de la vocación a la santidad de los cristianos laicos, algo comprobable en la mayoría de movimientos y asociaciones eclesiales. 

Insiste el Pontífice: "Ello supone en la Iglesia permitir el desarrollo de una cultura eclesial marcadamente laical. Los desafíos de la Amazonia exigen de la Iglesia un esfuerzo especial por lograr una presencia capilar que solo es posible con un contundente protagonismo de los laicos" (94). En otro lugar dirá el Pontífice que, lo que es verdad para la Iglesia en la Amazonia es aplicable también a la Iglesia en muchos otros lugares del mundo.

En relación con los presbíteros y los laicos, leemos que "no deberíamos encerrarnos en planteamientos parciales sobre el poder en la Iglesia" (101). Sabemos que el poder en la Iglesia es servicio y que éste pueden prestarlo tanto hombres como mujeres: "En la Amazonia hay comunidades -afirma el Pontífice- que se han sostenido y han transmitido la fe durante mucho tiempo sin que algún sacerdote pasara por alli. Esto ocurrió gracias a la presencia de mujeres fuertes y generosas: bautizadoras, catequistas, rezadoras, misioneras, llamadas e impulsadas por el Espíritu Santo. Durante siglos las mujeres mantuvieron a la Iglesia en pie en esos lugares con admirable entrega y paciente fe" (99).

Hay mucho que aprender -y alguna cosa que saber interpretar- en la Exhortación apostólica Querida Amazonia del papa Francisco.