¿A quién se le ocurriría lo de que los pingüinos son aves? Tienen alas, eso sí. Tal vez hace mucho tiempo les sirvieron para volar, pero de eso ya ninguno se acuerda. Ahora todos los pingüinos las usan para nadar.
Bueno, todos todos, no. A Diego eso de nadar no se le da muy bien, pues nació con un ala que siempre mira hacia arriba. Así que como alternativa… ¡se ha propuesto aprender a volar!
Un hilarante viaje hacia lo desconocido de un pingüino obstinado y aventurero.
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Relato infantil sobre la
Relato infantil sobre la superación de las diferencias y la importancia de lograr nuestros deseos. Siguiendo las características de la fábula tradicional, la narración comienza así: “Seamos sinceros, un pingüino no es un ave”, porque todos los pingüinos saben y aceptan que son aves marinas que no pueden volar, excepto nuestro joven protagonista Diego. Este pequeño pingüino ha crecido con un ala hacia arriba que le impide nadar, bucear y divertirse en el agua, así que su mayor deseo es poder volar rumbo a lo desconocido. Embarcado en un bloque de hielo, un iceberg, comienza un largo viaje donde conocerá a varios animales que intentan ayudarlo en su sueño de volar: una foca, una gaviota, quince delfines y, por fin, una ballena.
Los autores del texto son Pablo Albo (Alicante, 1971), escritor y narrador oral, galardonado con diversos premios, y Diego Dutra, que trabaja en el ámbito de la sostenibilidad y la creatividad. En esta ocasión, presentan una preciosa fábula sobre la superación personal, a pesar de las diferencias físicas, y la importancia de conseguir nuestros sueños. Escrita en un tono divertido y desenfadado, con mucho humor e ironía, podemos disfrutar de las aventuras de Diego que se esfuerza con ilusión para lograr su meta. Los textos se completan con las ilustraciones de Christian Inaraja, que refuerzan la comicidad y nos trasladan al Polo con sus tonos grises, blancos y azules. Una obra muy recomendable por los temas tratados y por los diálogos y recursos orales utilizados, graciosos y chispeantes, ideales para leer en voz alta y compartir en familia y en el colegio. Ana María Díaz Barranco