Galíndez

Jesús Galíndez Suárez (1915-1956) fue un militante del Partido Nacionalista Vasco , el PNV, exiliado en la República Dominicana a raíz de la Guerra Civil española. Gobernaba entonces el país el dictador Rafael Leónidas Trujillo (1891-1961) con apoyo de los Estados Unidos. En Nueva York, creyéndose a salvo de posibles represalias, Galíndez escribió La era de Trujillo en la que detallaba los excesos y crímenes del militar caribeño.

Confiado en su impunidad, Trujillo hizo que el vasco fuera secuestrado, torturado y asesinado.

La protagonista de la novela es Muriel Colbert, una becaria de la Universidad de Yale, que elabora una teis sobre la ética de la resistencia basada en la historia de Galindez. Los villanos de la novela son los servicios de inteligencia norteamericanos que no desean resucitar esa vieja historia.

 

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2018 Anagrama
436
978-84-33998668

Original de 1990. Premio Nacional de Narrativa1991.

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El que haya leído otras novelas de Manuel Vázquez Montalban se sentirá sorprendido ante la calidad literaria de ésta, por la que el autor obtuvo el Premio Nacional de Narrativa en 1991.

Vázquez Montalván había militado en el Partido Comunista, pero, como tantos otros, después de la muerte de Franco abandonó la militancia activa aunque conservó esa ética y nostalgia de la resistencia a la que se refiere en su novela y de la que pone como ejemplo a Jesús Galíndez. La novela demuestra una amplia labor de investigación en el País Vasco, Santo Domingo y Nueva York, en busca de lo que queda de aquel círculo de exiliados que conocieron a Galíndez y con ese material construye una novela muy atractiva.

Señala el autor cómo la mayoría de los exiliados republicanos en Nueva York se sentían exonerados de cualquier actividad política, colaboraban con el FBI y la CIA para depurar sus filas de comunistas y bromeaban acerca del activismo de Galíndez, al que calificaban como el "payaso vasco" (pág.263). La figura de Trujillo con sus adláteres da color a la novela y el martirio de Galíndez en sus manos lleva el relato a su climax; las demás figuras tienen consistencia y credibilidad, son personajes novelados pero representan ambientes que el autor demuestra conocer.

Vázquez Montalbán pone en boca de José Israel Cuello, un mestizo dominicano y antiguo comunista, la consideración que le merece determinado tipo de política: "La política en estas tierras -dice el dominicano- puede ser dramática, pero nunca pierde el carácter de espectáculo tropical" (pág.257); si hacemos un paralelismo con nuestro propio país, podríamos decir que la política en España nunca pierde su carácter de espectáculo de tauromaquia, una actividad cainita en la que cada uno de los intervinientes solo aspira a destruir al adversario.

Han pasado muchos años desde que Suárez decía a González que deseaba verle como jefe de la oposición, con coche oficial y ganando un duro más que el Presidente de Gobierno; después vinieron el "tahur del Missisipi" o "el que se mueve no sale en la foto"; el "váyase señor González" o aquellas frases que llevaron a José Luís González Zapatero a la Moncloa: "Al Partido Popular no le interesa que termine la actividad terrorista de ETA porque le da votos" o también "el país merece un Gobierno que no le mienta", con motivo del 11 M, la situación más dramática que ha atravesado la democracia española. Por último están el "no es no" o "cuál es la parte de nó que no entiende", que pusieron el sistema en un callejón sin salida y acercaron a Sánchez a la Presidencia.

La ética de la resistencia exige honradez, altura de miras, capacidad de sufrimiento y de perdón, así como valorar más las propias convicciones que la posibilidad de alcanzar o de mantenerse en el poder. ¿Quiénes han representado la ética de la resistencia en la política española? Podemos poner los ejemplos de Marcelino Camacho o Josep Tarradellas en la Transición, José Luís Corcuera o Joaquín Leguina en el PSOE, Javier Fernández en Asturias o Emiliano García Page en Castilla-La Mancha, e incluso, los movimientos sociales de inspiración cristiana en defensa de la escuela católica o contra el aborto. En España no hay mucha esperanza para movimientos idealistas y minoritarios: Don Quijote alzándose contra molinos de viento o Jesús Galindez denunciando a un dictador caribeño que gobierna apoyado por los Estados Unidos.

A la novela le sobra el segundo desenlace con Muriel como víctima; si hubiera terminado treinta páginas antes a mí me hubiera merecido la consideración de Muy Recomendable, un modelo de estilo literario.