La puerta del cielo

Antes de desaparecer junto a su ayudante americana, el astrofísico Lalo Múgica informa a una de sus vecinas de que ha encontrado las claves para abrir la puerta del cielo. Gerardo Vilela, un sencillo profesor de instituto, gana una beca que le lleva de Lugo a Madrid. Cuando las enigmáticas vecinas del número 12 le realquilan la antigua casa de Múgica, él se siente feliz. Pero el ático guarda algo para él: un acta firmada por Pilatos que narra otra desaparición ocurrida en Judea el año de la muerte de Jesucristo. Con veinte siglos de diferencia, ambas desapariciones parecen estar extrañamente relacionadas. Con la ayuda de un exorcista vasco y de su secretaria, Gerardo decide seguir el rastro. Demonios, meigas, médiums… Reyes Calderón plantea un apasionante juego de verdades y mentiras que nos pondrá ante situaciones que han preocupado siempre a la humanidad: ¿Existen el cielo y
el infierno? ¿Y el demonio? ¿Qué habrá en el otro lado?

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2015
448
978-84-08-13720
2016
448
978-84-08-15016
Valoración CDL
3
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Imagen de Azafrán

Siete años le ha costado a Reyes Calderón terminar esta novela, ¿la décima?; se trata, pues, de una obra de madurez. Y también, a ella le ha tocado enfrentarse a su propio demonio personal: ha tenido que elegir entre “ser poderoso” con la pluma y desatar la pasión del miedo en el lector o “mostrar la luz al final del túnel” y permitir al lector encontrar la salida.

Y el caso es que muy bien podría haber elegido someter la imaginación del lector al imperativo del pavor, que no deja de ser una pasión subyugante y que “vende”. El tema lo hubiera permitido. Y el desarrollo de la novela también. Tiene todos los ingredientes necesarios para convertirse en una novela de terror de las más populares, de las que han terminado en el cine. De aquellas a las que no hay crítico del género que se resista mencionar.

Sin embargo, Reyes ha caminado puntillosamente sobre la cuerda floja del esoterismo y de las creencias paganas sin apartarse un ápice de lo que considera la verdad. Ha sabido levantar el fuerte oleaje del miedo ancestral al “y ahora qué puede pasar”.

Su novela se lee sin dilación. Hay prisa por llegar al final y ver qué pasa con todo aquello que nos asusta y que tememos. Necesitamos descubrir cómo la autora ha elegido solucionar todo aquel peligroso embrollo que puede trascender, que trasciende las 446 páginas, pero en sentido hacia el lector.

El planteamiento de la novela está en la contraportada. Un profesor de literatura, y que además toca el oboe, se traslada de Galicia, e impensadamente, termina en un ático del madrileño barrio de Salamanca. Las vecinas más próximas a él intervienen inopinadamente en el desarrollo del argumento, para bien o para mal.

La puerta del ático podría ser una alegoría de la puerta del cielo. Pero además está la Historia, con mayúsculas, la de verdad. Una hija de un investigador y profesor universitario de Harvard sufre la muerte repentina de su padre y en medio de su dolor debe superar la soledad y los problemas económicos que se le vienen encima. Un amigo de su padre le busca un trabajo: catalogar una biblioteca privada en Italia. Y en ese trasiego descubre un manuscrito de Poncio Pilatos lo que permite a la autora incardinar la acción en Judea y recrear el momento del misterio de la Resurrección de Jesús “rey de los judíos”. Porque se trata de un misterio al que los cristianos acceden a través de la fe, pero del que han quedado rastros contrastados en la Historia.

Confieso que la curiosidad me pudo y no sobrepasé las 36 horas sin llegar a la última página. 

Imagen de acabrero

El engaño en el título se presiente desde el principio, aun cuando el inexperto protagonista no termine de darse cuenta hasta el final. Esta novela plantea una intriga, bien montada, en torno a la presencia de fenómenos misteriosos, que parecen posesiones diabólicas a veces y, en otros momentos, hacen pensar en hallazgos científicos. Un planteamiento muy interesante desde el inicio, útil para el incauto que se asoma a fenómenos espiritistas como si eso fuera algo intrascendente. Como le advierten al protagonista en un momento dado, “en estos tiempos en que hay tanto incrédulo por la vida, resulta que son muchos los que negocian con el demonio”.  Para algunos resultarán, sin duda, historias para no dormir, pero bajo un cierto aire de escepticismo de Gerardo, profesor lucense llegado a Madrid, con una beca, la realidad es que se tratan temas muy serios, de modo certero. Bien escrito y con trama atrayente, puede ser bastante útil para bastante gente.    Leer artículo...

Imagen de amd

Inquietante relato, narrado en primera persona por el protagonista Gerardo Vilela, un profesor de instituto que imparte Lengua y Literatura en la ciudad de Lugo. Tras conseguir una beca para ampliar estudios, se traslada a Madrid y se instala en un ático del Barrio de Salamanca, donde comienza a percibir extraños fenómenos que alteran su vida: muebles que se levantan, sombras en las fotografías, humo que sin motivo inunda el apartamento, encuentros con personajes turbadores y temibles. En ese mismo lugar, un año antes, había vivido un eminente astrofísico que de repente desapareció, sin dejar rastro, en compañía de la hija de un gran científico americano, de religión judía. El diario de esta joven, un misterioso cuaderno de tapas negras abandonado en la casa, le va proporcionando al protagonista las claves de los hechos que allí acaecieron.
Aunque, según avanza la narración, se plantean diferentes teorías relativamente científicas sobre los “agujeros de gusano” y las fisuras en el espacio-tiempo (a través de las que personas y animales podrían atravesar dimensiones temporales); la presencia más explícita que se va apoderando de la trama es la figura del diablo que se reencarna en diferentes figuras y personajes. El protagonista se va haciendo consciente de esa fuerza misteriosa, satánica y maléfica, y en este sentido es muy interesante el relato en primera persona para conocer sus sentimientos de miedo, inseguridad, turbación, sensaciones contradictorias que le llevan a intentar descubrir la puerta del cielo, o más bien sucumbir ante una catástrofe previsible e inevitable.
La complejidad del tema y la dificultad en el tratamiento de los elementos diabólicos son incuestionables.  Así,  en el epílogo de la obra, la autora comenta el proceso de preparación de esta difícil novela: toda la documentación que ha debido consultar, y especialmente el asesoramiento recibido de amigos exorcistas para dar credibilidad y realismo al relato. Por este motivo, y dada la acumulación de escenas en las que  intervienen demonios y posesos, la lectura de esta obra puede herir la sensibilidad de aquellos lectores que se vean afectados de forma negativa por estos temas.