Todos estamos llamados a ser modelos e intercesores para nuestros amigos, familiares, nuestra gente. A la vez, el Espíritu Santo, en algunos casos, hace que esa fama de santidad y favores trascienda y llegue a una parte significativa del Pueblo de Dios, eso es un beato, o la totalidad del Pueblo de Dios, un santo. Eso sí, de manera espontánea.