Blog de acabrero

Buscando en el diccionario: pañuelo

Bajé el otro día a la droguería -o perfumería- que hay junto a mi casa. Es del modelo de las de ahora: una superficie más bien grande y diáfana con estanterías en las paredes. Hay señoritas pululando que no interfieren en tu compra salvo que observen un gesto que manifieste ignorancia o perplejidad. Entonces se acercan diligentes con un "desea usted que le ayude" que siempre tiene un efecto agradable en el cliente.

Libros de Pasión



Nos disponemos en estos días a
celebrar la Semana Santa,
tiempo de Pasión, y esa preparación requiere, además de las obras penitenciales
que la Iglesia nos recuerda –oración, penitencia, obras de caridad- un apoyo
doctrinal adecuado. Unas lecturas apropiadas en estos días nos proporcionan una
posibilidad mayor de profundizar en los misterios que celebramos, que son los
centrales de la obra de la Redención.


Si vis pacem para bellum



La paz y la concordia
están entre los más altos valores del ciudadano occidental. Una
paz que significa tranquilidad. Tener unos ingresos adecuados a las
expectativas de cada cual, asegurar el futuro –el propio, mayormente- y
poder viajar en vacaciones. Si alguien me asegura ese estado de bienestar, no
necesito ninguna otra cosa.



El libro de moda


Libres como un taxi

Antes se podía oír, en un

ambiente un tanto bucólico, que uno deseaba ser libre como un pájaro. La imagen

nos lleva a pensar en una libertad infinita, una capacidad de movimientos

total, una posibilidad de elección ilimitada. Una vez leí lo que decía un

filósofo: Algunos creen ser libres y no tienen más libertad que la del taxi,

que se define como libre cuando está vacío y no sabe donde va.

Los apocalípticos y el padre Elías


style='font-size:12.0pt;font-family:"Times New Roman"'>Movido por una cierta

expectación provocada por "El Padre Elias. Un

Apocalipsis", me puse a leerlo, aunque no es mi tema, para ver cuales eran

los motivos por los que se puede encontrar en grandes pilas en El Corte Inglés,

entre los más vendidos.

Y, al final, todos nos morimos...

Hace unos días hablaba con un amigo de la muerte. Con cierto apocamiento, con algo de miedo a lo que yo podría decirle, manifestó que a él, en realidad, no le importaría morirse. Como le conozco, no me extrañó. No es una persona desesperada ante la vida, ni con dificultad de ningún tipo. Es un buen profesional y padre de familia que, teniendo de todo, ve el más allá con deseos de llegar. Me lo decía con una cierta prevención y advirtiéndome que no se lo dice a nadie, para que no piensen cosas raras.

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