Uno de los tiempos fuertes de la liturgia cristiana, en realidad el primero de ellos, se denomina sencillamente Adviento y quiere decir tiempo, en primer lugar, tiempo de espera; de intensa y gozosa espera, para el momento tan feliz de la Navidad. El Nacimiento del Hijo de Dios, del Verbo encarnado es una realidad tan gozosa e importante, que merece ser intensamente esperada y gozosamente saboreada.