El hombre eterno

Escrito después de su conversión al catolicismo, el ensayista inglés se pone como meta demostrar que toda comparación entre el cristianismo y las otras religiones está destinada al fracaso, porque la Verdad traída al mundo por Cristo es única.

En el ambiente cultural de su época pululaban teorías cientificistas, que rebajaban el valor de todo pensamiento y sentimiento religioso. Contemporáneamente, existía una fuerte corriente orientalista que tendía a identificar el núcleo último del mensaje cristiano con el budismo o el confucionismo. El ensayo tiene gran valor argumentativo.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2004
354
84-7057-502-0

Original de 1925.

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El novelista y divulgador H.G.Wells había publicado en 1920 su libro "Esquema de la historia universal", que alcanzó un gran éxito. En él, Wells "considera al hombre un resultado casi aleatorio de la evolución", y a Jesús de Nazaret lo caracteriza como "una criatura mortal, como en otra época lo serían Mahoma y Buda" (pág.10). Chesterton responde a Wells en el libro "El hombre eterno" (1925).

Convertido a la fe católica en 1922, Chesterton era un periodista anti-liberal que presumía de guiarse por el sentido común. En la Introducción, y sin citar a Wells, se despacha contra los críticos al cristianismo: "Adoptan un aire inquisitorial y repiten los mismos tópicos" (pág.18). "El único aire que respiran es un aire de rebeldía, de obstinación, de crítica mezquina"(pág.19). "Me daría vergüenza decir del Lama del Tibet las estupideces que ellos dicen del Papa" (pág.22). Más adelante les acusará de dar a las hipótesis el tratamiento de teorías, y a las teorías el valor de hechos probados (pág.101).

Chesterton divide su libro en dos partes: 1ª) La criatura llamada hombre, y 2ª) El hombre llamado Cristo. Sobre el hombre dirá que basta mirarlo para darse cuenta de que es un animal muy especial. "Podemos encontrar un rastro de piedras y huesos que haga pensar en el desarrollo del cuerpo humano, pero no existe el más débil indicio que nos lleve a pensar en un desarrollo semejante de la mente humana: no existía y comenzó a existir. No sabemos en qué momento o en qué infinidad de años" (pág.53).

Sobre Jesuscristo, Chesterton niega que su doctrina fuese producto de un lugar y una época (pág.253). Cualquier simplificación del mensaje de Jesús supone una falsificación: un pacifista, un revolucionario anti-romano, el primer comunista, etc... Su Evangelio plantea numerosos enigmas que sólo encontrarán respuesta en la vida de la Iglesia y de los santos. Las herejías han intentado racionalizar el Misterio y hoy son historia, mientras que la Iglesia ha salido rejuvenecida de todas sus crisis (págs.306 y ss). "Tarde o temprano -concluye el autor- sus enemigos escarmentarán ante las contínuas decepciones de estar siempre anunciando su muerte" (pág.337).

La dificultad de leer a Chesterton es siempre la misma: un exceso de palabras e ideas que se entrecruzan; paradojas y juegos de palabras que hacen difícil detectar las ideas principales. Como reconoce el autor: "He intentado decir en muchos lugares y con muchas palabras algo que podría decirse con una sola palabra" (pág.351); sin embargo, no aclara cuál sea esa palabra. Lo mejor de Chesterton es Chesterton mismo, su personaje y el valor que puso de relieve cuando -ya no joven- se dedicó a hacer la apología de la fe que había abrazado. Leer artículo >>