Cartas del papa Celestino VI a los hombres

Un personaje imaginario, el papa Celestino VI, hace ver a los hombres las nefastas consecuencias que ha tenido para ellos su alejamiento de Dios. A los cristianos les reprocha su tibieza.

Celestino VI se dirige al pueblo que se llama cristiano, a los sacerdotes, a los ricos, a los pobres, a las mujeres...; y de una forma original escribe a los teólogos, poetas, historiadores, hombres de ciencia y a otros grupos humanos. Es fácil suponer que cuando se dirige a los sin Dios, se está refiriendo a los miembros del Partido Comunista Italiano, muy potente en la postguerra.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
1954
243
B00CHPY004

Original de 1946.

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Publicado en 1946, podemos imaginar a Papini (1881-1956) durante la Segunda Guerra Mundial, observando el sufrimiento gratuito en el que se había embarcado Italia por la necedad de sus gobernantes. Terminada la guerra, los italianos se esfuerzan por implantar un régimen democrático, pero el autor les advierte que lo que procede es la regeneración de los espíritus: "Lleváis la guerra en la sangre y pretendéis la paz universal" (pág.226).

Los últimos siglos en Europa habían sido de avance de las ciencias, la técnica, la industria y la medicina; sin embargo, la primera mitad del siglo XX es el escenario de dos guerras europeas con sus consecuencias en pérdida de vidas humanas y destrucción: "Un tercio del género humano -escribe el autor- se encuentra hoy sin cobijo seguro y sin alimento suficiente..." (pág.27). Para el autor "la causa primera de la agonía del genero humano es haber renegado del Evangelio y haberlo traicionado" (pág.29).

Papini hace una crítica durísima de gobernantes y gobernados, de la economía y el egoísmo privado y público: "No hay más norma que el interés, ni más ídolo que el dinero, más moral que la de los lobos, más código que el de los buitres" (pág.28).

Afirma que son la oligarquías económicas y de los partidos quienes manejan los gobiernos, conceden prebendas a quienes tratan de acercarse y hacen la vida imposible a sus adversarios. A los ciudadanos les recuerda que "vuestros gobernantes no han escatimado alientos ni esfuerzos para obtener vuestros votos (...), os han dejado a veces sin pan, sin libertad (...), pero nunca se han mostrado avaros en altisonante palabrería" (pág.115). Es fácil sentirse retratados en nuestros día en estas palabras que se escribían en 1946.

Concluye el autor: ""Vuestra ingenuidad consiste en imaginar que un cambio de banderas pueda dar mayor felicidad a los que pagan y obedecen" (pág.117). "No basta cambiar los sistemas, hay que cambiar los ánimos y los corazones de los hombres" (pág.121). "Esperáis demasiado de la política y no bastante de la religión" (pág.122). Pensemos ahora -sugiero yo- en cómo hemos reaccionado ante la actual pandemia del Covid; si hemos confiado en la medicina y la investigación, y no hemos olvidado acudir en primer lugar a quien puede resolverla en todo caso, al Creador de los hombres y de la naturaleza, el que da la salud y permite la enfermedad.

A los pobres Papini les reprocha la amargura con la que soportan la escasez, pero les recuerda que "la igualdad y la abundancia no son la plena felicidad" (pág.95). "Los bienes preciosos y deseables -escribe- son la salud, la paz de conciencia, la serenidad de espíritu, la bondad de los afectos, la alegría del carácter, entender y gozar de las bellezas naturales y artísticas, [así como] la consolación del amor" (pág.96). "No saben -concluye- que la alegría honesta es mayor riqueza que el oro" (pág.98). Es una frase que repetirá en diversas ocasiones: "Cristo fue un maestro de alegría" (pág.102).

Reprocha a las mujeres que "habéis escarnecido el pudor y la virginidad, os habéis prestado a la lujuria de los fornicadores" (pág.128). "Habéis multiplicado los abortos delictivos y la esterilidad voluntaria" (pág.130). Parece como si Papini hubiese podido escrutar el futuro. Es difícil imaginar que en los años cuarenta se dieran esos excesos. Hoy sí; hoy son el pan de cada día.

Son interesantes las observaciones que hace a los historiadores: "Tuvistéis parte en la infección de las mentes" (pág.143). En efecto, cuando los pueblos van a la guerra lo hacen en base a agravios cercanos o lejanos en el tiempo. A los historiadores les corresponde dar una visión equilibrada de la historia: sin culpables. Cuando a Mussolini le dio por resucitar el imperio romano, alguien debió considerar que el miedo a los dictadores no es cristiano, y advertirle que las circunstancia habían cambiado bastante en los últimos veinte siglos, desde Roma.

Las anteriores son unas pequeñísimas muestras -y no las más importantes- del contenido de este libro. Las afirmaciones de Papini pueden ser muy básicas, repetitivas en ocasiones, idealistas, arduas de leer e incluso podemos considerar que  hay juicios contradictorios, pero libros como éste ya no se escriben ni se publican. Para todo tipo de públicos.