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Feminismo

Es de agradecer la publicación de una breve obra de Alice Von Hildebrand que tiene el controvertido título de “El privilegio de ser mujer”. Un libro donde descubrimos los valores de siempre sobre la naturaleza humana que el movimiento feminista quiere destruir. Es de agradecer el empeño por mostrar la verdad, lo natural, en un ambiente, como es el mundo occidental, donde se quiere imponer lo que es equívoco, irracional, y con gran frecuencia inmoral.

La epidemia del siglo

La adicción más grave, con consecuencias que, de solo pensarlo, estremece a cualquier persona, es la pornografía, que no solo no se ataca de modo decisivo, sino que se promueve con total libertad en cantidad de medios. Sumamente asequible. No es necesario tener ninguna capacidad especial para buscar en la red, lo encuentras a la mínima de cambio, al segundo o tercer clic tienes toda la porquería a tu alcance.

Alegría en Navidad

Parece que todos estamos de acuerdo en que el hombre quiere ser feliz. Es algo que todos buscamos. Pero además nos gustaría estar alegres. ¿Ah, pero no es lo mismo? La única felicidad auténtica y consistente es la del cielo. Y aquí en la tierra somos más o menos felices en la medida en que estamos en el buen camino. Y puede haber quien esté ciertamente descaminado, sin una idea clara de qué sea la felicidad, pero que tenga momentos de alegría. Incluso puede ocurrir que haya quien esté en el camino de la felicidad, con la paz que eso aporta, y que tenga tristezas que le producen desgracias familiares, problemas económicos serios, etc.

Teología del cuerpo

En los tiempos que corren probablemente uno de los conceptos más difíciles de explicar es el de matrimonio. Parece una tontería, parece una obviedad, pero hablando con los jóvenes, no solo críos de bachillerato o apuestos universitarios, es fácil darse cuenta de que no se entiende, casi nunca, el porqué de una unión indisoluble. Hay que explicar muchas cosas, hasta el punto de que uno puede darse por vencido cuando en una reunión de amigos o de colegas intenta dar unas cuantas ideas sobre el tema. No se entiende. Hay demasiado egoísmo en el ambiente como para entender el amor.

Pueblos abandonados, pueblos muertos

Están de moda los pueblos abandonados. Es un concepto con significado propio, cargado de sentimentalismo y que ha sufrido una publicidad mayor en la medida en que recientemente se ha hecho un plan público para intentar revivir alguno de ellos. Hay siempre gentes con fortunas de cierta entidad que estarían dispuestos a comprar un pueblo, siempre y cuando pueda tener una utilidad, a veces de lugar residencial para quien huye de las ciudades, a veces de solitarios que buscan el campo lejano, otras veces cuando se calcula que puede tener un rendimiento en la hostelería.

Coherencia ecologista

Un ginecólogo conocido decía hace unos días que se sentía tremendamente ecologista y, por lo tanto, totalmente defensor de la naturaleza humana. Puestos a defender la naturaleza parece evidente que la más importante es esta, la de los hombre y mujeres. Y lo decía con pena al recordar un hecho verdaderamente antiecológico, hasta límites insospechados: contaba que todos los médicos hoy día, ante una mujer embarazada, hacen un análisis del feto a las 12 semanas y si ven alguna anormalidad, muchos de ellos las animan a abortar. Por ejemplo, se puede saber ya si el niño viene con síndrome de Down.

Una catedral y un amigo

He leído con mucho gusto y recomiendo una novela titulada, con acierto, “Los pilares del cielo”, pues los protagonistas son una catedral y un hombre que la construye, por su cuenta, con sus medios, porque quiere hacer algo para Dios. Y el otro protagonista es un muchacho como otros muchos, hijo único de madre abandonada por el marido, que tiene que trasladarse a un pueblo de Madrid donde ha conseguido un trabajo de limpiadora. Un muchacho difícil, que ha crecido sin progenitor, rebotado, escéptico. Como tantos.

Adorar a Dios

En los tiempos que corren se habla de crisis dentro de la Iglesia. El Cardenal Robert Sarah, en su último libro publicado con gran éxito en nuestro país, examina con bastantes detalles y gran clarividencia cuáles son esos síntomas malignos que aparecen en la Iglesia, sin olvidar lo que es incluso más preocupante, la crisis social en Occidente, que se arrastra hacia una idolatría y un materialismo verdaderamente preocupantes.

Una odisea de amor y guerra

Olga Brajnovic, la autora de este libro, es la tercera hija de Luka y Ana Brajnovic. Dispone del tesoro de los diarios que escribieron sus padres en los tremendos años de separación vividos primero por la guerra y luego por la tiranía comunista de Tito en Croacia, que entonces era parte de Yugoeslavia. Después de unos meses de cautiverio en el comienzo de la guerra, donde está a punto de morir, Luka consigue volver a Zagreb y, en condiciones extremas de inseguridad, decide casarse con Ana, que le está esperando. Tienen una hija, pero, cuando apenas tiene cuatro meses, Luka tiene que huir porque saben que el régimen comunista, que se instala en su patria, persigue a los intelectuales católicos. Y lo que podía haber sido una separación de unos meses se convierte en una pesadilla de casi doce años.

Acedia, la tristeza de Occidente

Me ha ocurrido varias veces oír, a quienes han estado en África, que les ha costado volver a España, porque allí la gente, que con frecuencia vive bastante pobremente, es muy alegre. El ambiente que han respirado allí tiene tirón, y muchos de los que han vivido allí unos años, por motivos varios, no quieren saber nada de volver a Europa. Allí hay mucha gente alegre, aquí hay mucha gente triste.

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