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Los valores del sinsentido

 

Se ha editado recientemente uno de los últimos libros escritos por Stephan Zweig -Clarissa- una novela que no puede calificarse de corta, pero que, sin duda, no es de las más largas de este autor, quizá también porque, casi seguro, es una novela inconclusa. El editor, en la cubierta posterior, advierte de que posiblemente Zweig quiere mostrar en esta obra el conjunto de valores humanos que ha tenido presentes a lo largo de su vida.

Las rogativas

Cuando se hablaba de rogativas, en nuestros ambientes tradicionales, se pensaba en una procesión convocada con ánimo de pedir algo a Dios, aunque nos suena más en concreto a un modo de pedir agua. Se hacían procesiones de oración para pedir a Dios que lloviera, sin más. Y esto nos hace reflexionar sobre algo interesante: es de las pocas cosas que, hoy por hoy, no puede conseguir el hombre con su ciencia; que llueva.

El murmullo de las abejas

He leído con gusto este libro, que figura como libro del mes en el Club del lector, y que supone una distancia importante sobre lo que suele escribirse en los últimos años, al menos en España. Quizá la diferencia primera es que es un libro escrito por una mexicana, y podríamos decir que en mexicano, pues en la mayoría de los diálogos se hace presente la pronunciación dialectal, que suena distinta pero se entiende bien.

La realidad de Medio Oriente

Cuando alguien aquí en España manifiesta su intención de viajar al Oriente Medio, y más concretamente al Líbano, hay una reacción por parte del interlocutor de preocupación, que se expresa en un gesto o también en una pregunta sobre los motivos. Los periodistas, con noticias globales poco matizadas y sus exageraciones, han conseguido que tengamos una desinformación mayúscula sobre cómo son los países que están en el otro extremo del Mediterráneo.

Son cosas que pasan

Hay una novela, editada este año, de autora francesa, titulado “Son cosas que pasan”, que trata de la situación en la que se encontraron los aristócratas franceses durante la II Guerra Mundial. Un estudio detenido del momento nos mostraría una realidad menos histriónica que la descrita por esta autora, casi seguro. Es propio de la ficción marcar las líneas y no se lo vamos a reprochar. Además, la exageración de los rasgos es lo que nos hacen pensar, sopesar qué es lo que pudo ocurrir.

La fiesta, el alcohol y el sin sentido

 

Se ha editado recientemente una novela que, al parecer, ha tenido mucho éxito en Francia, quizá porque siempre llama la atención un autor joven, y también porque su obra está muy bien escrita. El título es “Esperando a Mister Bojangles”, y es la historia de un matrimonio absolutamente esperpéntico, narrada, en gran medida, por el hijo, un niño de 6 o 7 años, encantado con el ritmo festivo de sus padres, pero sin llegar a comprender muchas cosas.

Emulación o envidia

 

Con frecuencia cuando una persona siente envidia, para disimular un poco esa emoción, tiende a pensar o a decir que es envidia buena. No se entristece por el bien ajeno, simplemente le gustaría tener aquello que no tiene. A veces se piensa, a veces se dice y, casi siempre, es una tapadera de las verdaderas pasiones, porque es muy difícil reconocerse envidioso. Pero la envidia existe, los envidiosos abundan.

Las prisas, el estrés y los atascos

La vuelta a los libros de Mendoza -el Cervantes es el Cervantes- me ha llevado a las aventuras de Gurb y su compañero en tierras catalanas, y me ha divertido la idea de que estos extraterrestres no conocían a los niños. Ellos en su país no tienen ni niños ni viejos. Pero al mismo tiempo se admiran de que los adultos españoles no tengan tiempo para nada.  Se sorprenden de esas familias que se meten en el atasco el viernes y no salen hasta el domingo tarde de vuelta. Vamos que no descansan.

El conflicto del móvil

 

Hace pocos días, en los pasillos de la universidad, vi a cuatro alumnas formando un estrecho corro, cabezas agachadas, como si se estuvieran contando un secreto muy íntimo, como si quisieran mantenerse al margen de los demás alumnos y profesores que se cruzaban en el mismo lugar. Pero al acercarme me di cuenta de que estaban cada una con su móvil, las cuatro muy juntas, pero cada uno en lo suyo.

Miedo al pecado

No hablan de pecado. En realidad, molesta esa palabra, ese concepto. Hablar de pecado es hablar de culpa. Así que es preferible hablar de error. ¡Pobre, se ha equivocado! Y entonces somos comprensivos. O pensamos que serán comprensivos con nuestro comportamiento si no hablamos de pecado sino de equivocación.

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