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Leer en verano

Siempre es tiempo para leer, cosa que sabe bien todo lector habitual. Hasta la persona más atareada y ajetreada por la vida, cuando es un lector convencido o si tiene un libro a medias que le encandila, siempre encuentra huecos.  Es divertido cuando un padre descubre a su hija sentada en cualquier silla. Lo cuenta Sanmartín: “ ´¡Por fa!, un minuto más…’ dice una de mis hijas desde su cama, absorta en la lectura. ‘Déjame acabar la página, ¿sí?’, dice la otra en la misma posición y sin levantar la vista de su libro. Esta es la cantinela que tengo que escuchar noche sí noche también”[1]. Eso, es un tesoro.

Amor y sentimientos

Hay una confusión habitual y peligrosa entre estos dos conceptos. Una confusión que lleva con frecuencia a rupturas de matrimonios, o a que muchos no se lleguen a casar porque están midiendo cómo son sus emociones, pero no piensan en el amor. Hay algunos que creen que se aman, pero solo han tenido una inclinación lógica a conocerse y unos sentimientos agradables en sus primeros contactos. Pero ni si se les ha pasado por la cabeza que la unión de hombre y mujer en el matrimonio está basada en el amor.

Vacaciones, descanso y reflexión

Quien más quien menos, en estos días está pensando en sus vacaciones. Unos porque están muy cansados, otros porque están deseando estar más con sus hijos, otros porque tiene un recuerdo espléndido del año anterior. En fin, en general las necesitamos, nos viene bien. Y, sin embargo, luego se encuentra uno a ciertas personas, a veces muchas, que no saben disfrutar, que no saben cambiar, que no saben hacer cosas que no harían durante el curso.

El silencio

Muchos autores relevantes han escrito sobre la importancia del silencio, especialmente cuando hablamos de la piedad y el trato con Dios. Aun cuando teóricamente podamos tener cierto convencimiento de la relación silencio-Dios, no está de más que haya quien nos lo recuerde de vez en cuando, sobre todo cuando vivimos rodeados de mucho ruido, casi sin darnos cuenta. De hecho, lo que realmente nos sorprende es la ausencia de ruido. Si subimos a un monte, llegamos a un punto un poco alto y nos paramos, nos quedamos admirados del silencio reinante. Eso es lo excepcional.

Pornografía, lo más visto

Se puede decir a estas alturas, con bastantes datos, que la adición a la pornografía supone el daño más grave presente en nuestra sociedad, en infinidad de hogares, con un porcentaje altísimo de temas vistos. Lo advierten todos los expertos, pero los padres están, en un porcentaje muy alto, en la inopia. ¿Cuántas veces se les ha advertido del daño que hacen los móviles a sus hijos?

La liturgia

 

Seguramente hemos pensado a veces en la diversidad de ambientes litúrgicos que existen en nuestras iglesias. Muchas veces hemos comparado, casi sin darnos cuenta, la diferencia de afluencia de fieles entre parroquias. En una podemos ver unos grupitos de ancianos, que van porque viven cerca o porque llevan decenas de años. Ni han estado en otras parroquias para poder comparar ni les interesa, porque están a gusto en su ambiente parroquial.

Eutanasia

Desde tiempo inmemorial, en los países civilizados, ha existido un empeño social, refrendado por el Estado y con el esfuerzo de organizaciones públicas o privadas, de asistencia para cuidar la salud de las personas. Se ha dedicado mucho dinero, casi siempre público, por curar a los enfermos. También de enfermedades mentales, porque hay locuras pasajeras, momentos delicados en la vida de algunas personas, que necesitan de alguien que les mantenga el sentido sagrado de la existencia. Y se han salvado muchas vidas que habrían desaparecido por un momento de desesperación.

El presente y el futuro de la Iglesia

Encontré unas palabras de Josep Ratzinger, publicadas en castellano en 1973, verdaderamente proféticas. Habla de un futuro de la Iglesia: “Todo parecerá perdido, pero en el momento oportuno, precisamente en la fase más dramática de la crisis, la iglesia renacerá. Será más pequeña, más pobre, casi en catacumba, pero también más santa. Porque ya no será la Iglesia de los que buscan agradar al mundo, sino la Iglesia de los fieles a Dios y su ley eterna”. 

Devoción popular

Recientemente he tenido ocasión de recordar una imagen un tanto preocupante de lo que puede llegar a ser la devoción de algunos fieles cristianos. Casualmente ha sido en dos santuarios marianos, más que ermitas. Estaba haciendo oración en uno de los bancos cercanos al altar. Delante, pegado ya al presbiterio, en los dos casos, está la típica hucha donde los devotos pueden echar sus limosnas, importantes para el mantenimiento de esos lugares religiosos.

Santidad sin oración…

A pesar de que en la liturgia nos lo recuerdan habitualmente, la idea de que estamos llamados a la santidad todos los cristianos, es bastante desconocida o, al menos, muy poco entendida. Solo en algunos ambientes de especial espiritualidad se plantea que todos podemos ser santos y que tenemos los medios para serlo.

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