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Día del libro, el gozo de leer

Día del libro sin librerías. Sin el regalo casi obligado de una novedad editorial. Una tristeza para el lector, una tristeza más de la pandemia. Aunque habrá buenos lectores que en estos días tengan más huecos para la lectura.

 

La España vacía de Delibes

Volver sobre los grandes libros de nuestros clásicos es un ejercicio espléndido. Muchos españoles han leído, quizá en sus tiempos de colegio, uno de los libros más famosos de Miguel Delibes, El camino. Y una vez más se manifiesta, en este libro, la diferencia tan notoria entre lo que engancha o gusta en la primera lectura y lo que percibimos años después. El centenario del nacimiento del autor es una ocasión buena para volver a disfrutar de su obra.

¿Ahorrar o gastar?

En los tiempos que corren y en las vicisitudes actuales, verdaderamente preocupantes desde el punto de vista económico, quizá haya un buen número de personas que se habrán arrepentido de no ahorrar. El mundo nuestro, la sociedad occidental, se ha dado con frecuencia al lujo y al gasto alocado, por caprichos, por buscar el descanso, a veces por las apariencias. Es verdad que el primer mal ejemplo nos lo dan los políticos, que, por mantener contentos a sus votantes, gastan lo que no tienen.

La biblioteca de los clásicos

Me decía una antigua alumna, buena lectora, amiga de las tertulias literarias, que ella solo compraba los libros que le habían gustado. Esta afirmación desconcierta a más de uno. ¿Si ya has leído un libro para que vas a comprarlo después? Si lo has leído es porque te lo han prestado o lo has sacado de la biblioteca de la universidad o la municipal del barrio. ¿Para qué vas a comprarlo? Para que lo lea un amigo lo puedes mandar al mismo lugar de préstamo.

Los ministros y los ministerios

Quien ha leído el último libro del Cardenal Sarah, escrito en colaboración con Benedicto XVI, sabe, solo con leer el título de este artículo, de qué quiero escribir. Porque este libro, con un título tan largo como inexpresivo -no expresa la materia de fondo- manifiesta de modo claro la preocupación de la Iglesia por la dificultad de que surjan vocaciones sacerdotales.

Contra la pandemia, un buen libro

Hay pocas cosas en la vida que llenen tanto el espíritu, y más en estos días de reclusión, como leer un buen libro. Esto no hace falta que se lo diga a los grandes lectores. Leen mucho porque es una actividad placentera y enriquecedora como pocas. Y cuando digo esto a los teleadictos me miran como si les estuviera contando un cuento pasado de moda. Pobre gente, están atrapados por la adicción a las pantallas y no son capaces de salir de la trampa. No llegarán a descubrir el tesoro tan cercano, la maravilla de tener un libro.

Vulnerabilidad, desasosiego, miedo

Puede pensarse que el coronavirus ha llevado a cada cual a guarecerse en su casa y, por lo tanto, ha provocado dispersión, desunión, pero en realidad no es así. La verdad es que, por una vez, estamos todos pensando en lo mismo. Vas por la calle y ves a aquella señora con rostro de cierta angustia y se te ocurre: está en lo mismo que yo, pensando en la pandemia. Temiendo por los suyos, buscando soluciones, acudiendo, quizá, a Dios para que nos libre del contagio.

Ludopatía

Al regresar de una buena excursión por la montaña entramos en un bar del pueblecito donde habíamos dejado el coche, para un refrigerio merecido, después del esfuerzo. Nunca había entrado en ese lugar y me sorprendió una imagen que me resultó antigua, porque probablemente no la veía desde hacía muchos años: había en el bar, espacioso, cinco o seis mesas cuadradas de tamaño adecuado para jugar a las cartas. Y allí estaban los paisanos del lugar -podríamos pensar que todos- muy serios y concentrados en sus cartas, de manera que, aunque se oía la música del televisor y algunas personas hablaban, lo que predominaba era ese ambiente de silencio, sorprendente cuando hay tantas personas allí concentradas.

La alegría de cada hijo

No hay ninguna madre, no hay ningún padre, que se arrepienta de haber tenido un hijo. No se arrepienten ni del primero ni del segundo ni del tercero. Y hay quien dice que el último, el sexto o el que sea, es el que más alegría les ha dado. Me da pena cuando encuentro a matrimonios que no han podido tener hijos o que solo han podido tener uno o dos. Me encuentro con frecuencia con algunos matrimonios buscando por todos los medios, de especialista en especialista, la posibilidad de tener un hijo. Pero también es verdad lo que me decía un amigo: que sea lo que Dios quiera.

El amor de los jubilados

Recomiendo la lectura de una novela escrita por Bernard MacLaverty, irlandés de Belfast. El libro, publicado en España por Libros del Asteroide el año pasado, está editado originalmente en el 2017, y con esto quiero hacer hincapié en que es una historia de nuestros días. Quizá con decir que en un momento dado se menciona al papa Francisco, queda todo dicho. Y eso, la actualidad del relato, tiene especial interés cuando se trata de una historia de dos recién jubilados, vamos, “dos jóvenes”, con más de cuarenta años de casados y un nieto.

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