Una de las primeras cosas que aprendemos en la infancia es a tener paciencia, pues una y otra vez nos explican que “hay que esperar”, que “las cosas son así”, que es “la naturaleza de las cosas”. Además, cada vez que hemos intentado oponernos a la fuerza de la naturaleza, sencillamente, no hemos conseguido nada. Cuantos lloros de un niño protestando porque llueve, porque no le dejan jugar con las cerillas, que no se pueden tirar las macetas por la ventana, que es inútil poner cemento encima de un manantial que el jamón de York es tan rico como el de Jabugo.