A mediados del siglo XIX, los obispos ingleses habían desaconsejado a los católicos frecuentar las universidades de inspiración anglicana o protestante. Decidieron entonces potenciar la Universidad Católica de Dublín, que hasta ese momento utilizaban exclusivamente los clérigos. Para dirigirla pensaron en John Henry Newman, sacerdote, gran intelectual y antiguo tutor en Oxford recientemente convertido al catolicismo.