Hace algunos años, estaba de paso por Valencia y aproveché para visitar una exposición sobre la Eucaristía en la catedral. Mientras observaba una custodia, se acercó un profesor con un grupo de alumnos, probablemente de bachillerato. Cuando estos le preguntaron sobre el significado y el uso de aquella joya litúrgica, aquel no supo contestar. Algo semejante me sucede a menudo en las frecuentes visitas al museo del Prado, al coincidir con personas que observan grandes cuadros de tema bíblico o mitológico, pero, por los comentarios que hacen, se deduce que ignoran de qué tratan, y no me refiero a turistas chinos, coreanos o japoneses.