Entre las últimas “excentricidades” del famoso filósofo eslavo Slavoj Zizek (Liubliana, 1949) se encuentra el haber publicado un trabajo sobre el “ateísmo cristiano”, concepto ciertamente desconocido, inexistente y errático, propio de una mente calenturienta que, en vez de abandonar una ideología periclitada, como es el comunismo, intenta inútilmente devolverla a la vida o seguir prolongando una agonía que ya es de varios siglos.