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Boletín de Ayuda al Redactor. Noviembre de 2014

Diversos errores que pueden cometer quienes escriben mucho y que conviene corregir a tiempo... 

(fuente: Las 500 dudas más frecuentes del español)

Revisar los textos siguientes: Soluciones:  

1. Fueron los jabalíes quienes estropearon la valla.

Diccionarios

Uno de los enemigos de la buena redacción es la comodidad, la pereza para consultar un diccionario, una gramática, un libro de estilo…, cuando surge alguna duda. A lo largo de los años, ha ido aumentando mi interés por los diccionarios.

Boletín de Ayuda al Redactor. Octubre de 2014

Diversos errores que pueden cometer quienes escriben mucho y que conviene corregir a tiempo... 

(fuente: Las 500 dudas más frecuentes del español)

Revisar los textos siguientes:

Soluciones:

 

1. Tú ya no puedes dar más de sí.

Los clásicos

Hace algunos meses, entre las noticias sobre la política nacional e internacional, el deporte, los sucesos…, los medios de comunicación mostraron cierto interés por  la edición de una comedia de Lope de Vega, de la que solo se conocía el título (Mujeres y criados), gracias al hallazgo de una copia del texto en la Biblioteca Nacional y al trabajo de Alejandro García-Reidy, experto en la literatura del Siglo de Oro. Acabo de leer la comedia, publicada por Gredos, y he disfrutado mucho, como suele ocurrirme cada vez que me topo –procuro que sea a menudo– con el teatro aurisecular. Cuando se trata de Lope, el gozo suele ser aún mayor.

Boletín de Ayuda al Redactor. Septiembre de 2014

Diversos errores que pueden cometer quienes escriben mucho y que conviene corregir a tiempo... 

(fuente: Las 500 dudas más frecuentes del español)

Revisar los textos siguientes: Soluciones:

1. Mi hermana es detective privado.

Redundancias

Parece que, a menudo, se mide la calidad de un texto por la extensión de las palabras y las frases y se prefiere, por ejemplo, escribir influenciar en vez de influir o problemática en vez de problema. Sin embargo, es muy aconsejable tender a la claridad, a la brevedad, especialmente en los ambientes agitados en que normalmente nos movemos. Lo mismo ocurre con las expresiones redundantes, con las que lo único que se consigue es engordar el texto y marear al lector.

Los ausentes

Hace un par de semanas, uno de mis hermanos me regaló un ejemplar del libro de Frances Viadiu Entre el torb i la Gestapo (“Entre la ventisca y la Gestapo”, podría traducirse el título) y me aconsejó que lo leyera. Lo hice a los pocos días, porque al ojear las solapas me di cuenta enseguida de que el tema me interesaba; no me ha defraudado.

Tiempo de ocurrencias

Pensar requiere sosiego, recogimiento, momentos para reflexionar, para estudiar y para sacar conclusiones. No es fácil en la sociedad en la que vivimos, en la que todo son prisas, activismo, agitación; y en la que las nuevas tecnologías facilitan que nos devoren las imágenes y los mensajes, y que se acumule tanta información que no tengamos capacidad para asimilarla, para distinguir ente el grano y la paja. Quizá por esto son tan frecuentes las ocurrencias y tan escasas las ideas. Lo vemos en todas partes y de un modo palpable en los políticos: parece que solo se trata de salir en la foto y soltar una frase más o menos efectista y brillante. Pero pensar, argumentar, analizar, ir al fondo de los asuntos es otro cantar y es lo que más se necesita para afrontar las dificultades y buscar soluciones prudentes y justas. Nos vendría bien leer y releer de cuando en cuando el bíblico Libro de la Sabiduría.

Falsos amigos

 Si encargamos a un alumno la traducción al castellano de un relato escrito en inglés en el que se cuenta que la protagonista está constipated, puede que venza la pereza y acuda al diccionario o que, fiado en la semejanza entre este adjetivo y otro castellano similar, traduzca que la mujer está constipada o resfriada o acatarrada. En el segundo supuesto, habrá metido la pata lamentablemente, porque constipated significa ‘estreñido’.

Músicos ante el abismo

Los amantes de la música estamos de enhorabuena con el libro que acaba de publicarse del compositor, pianista y profesor Luis Agius (Madrid, 1969). Hasta ahora, su incursión en la literatura habían sido dos excelentes obras de teatro: Todos somos Albert Camus y Mi nombre es Sarah, sobre el juicio de Eichmann en Jerusalén y la filósofa Hannah Arendt, que merecería la pena que se representaran algún día.

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