Cuando alguien pasea por un campo primaveral, exuberante tras las lluvias abundantes de las últimas semanas, disfruta de la belleza, tiende a quedarse, no necesita caminar demasiado, porque salta a la vista el colorido y la belleza propia de la estación. Sin duda hay una actitud no deliberada: estar contemplando. No todo el que pasa por el mismo paisaje atrayente es capaz de pararse y mirar. La actitud contemplativa debería ser cosa de cualquier persona, por el mero hecho de tener inteligencia y capacidad de calibrar lo que es bueno. Pero hay quienes parece que hayan perdido esa capacidad, totalmente humana, de cualquier persona.